jueves, 25 de noviembre de 2021

El Alamín

 

A la hora de investigar los orígenes de un pueblo abandonado, lo más habitual es que nos llame la atención el que resulte mucho más antiguo de lo que a priori podamos suponer. En este caso ocurre todo lo contrario: lo sorprendente es descubrir la efímera existencia que llegó a tener este poblado, aunque esté situado en un terreno tan cargado de historia. Os doy la bienvenida a El Alamín.


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FRONTERA ENTRE REINOS

 

Si bien el poblado no es que sea un lugar histórico precisamente, sí que lo es el emplazamiento que ocupa. Estas tierras, hoy convertidas en campos de cultivo y en pequeñas colonias de chalés, fueron en su momento frontera entre reinos cristianos y musulmanes. Formaban parte de un área mucho mayor situada a ambos lados del río Alberche, y estaban dominadas por una ciudad fortificada llamada Alfahmin, Alhamin o Alamín. Esta fortaleza, que ya aparece citada en el año 930 y que perteneció al Califato de Córdoba desde el 932, había sido edificada con la intención de controlar el acceso a Toledo desde el norte.

 

Tras la desintegración del Califato de Córdoba, Toledo pasó a ser propiedad de Alfonso IV. Esto provocó la migración de judíos, mozárabes y musulmanes a lugares como Polvoranca, actualmente despoblado.

 

A lo largo de su dilatada trayectoria, la fortaleza de El Alamín tuvo una historia de lo más convulsa. Apenas había pasado un siglo en manos de Alfonso IV cuando, en 1180, fue donada al Arzobispado de Toledo. En 1357 fue completamente destruida a petición del entonces monarca Pedro I El Cruel, y cuarenta años después fue reconstruida a instancias del arzobispo Don Pedro de Tenorio, que asimismo ordenó la construcción de un puente sobre el río Alberche para facilitar el tránsito hacia la ciudad de Toledo. Tras una permuta con el Arzobispado (bajo la mediación del rey Don Juan II), El Alamín pasó a manos de Don Álvaro de Luna en 1436. Tras su fallecimiento fue heredado por su viuda, Doña Juana de Pimentel, quien ostentó la titularidad de la finca hasta 1484, momento en que cambió nuevamente de manos y pasó a pertenecer a los Duques del Infantado, a consecuencia de la boda de Doña María de Luna con Don Íñigo López de Mendoza y Luna, a la sazón segundo duque del Infantado. 


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Memorial del pleito entre Juan de Silva de Mendoza, X duque del Infantado (propietario del castillo de El Alamín) y otras personas, acerca de acotar los montes de El Alamín y prohibirles el acceso para cazar y pescar, así como a los duques de Arcos y Escalona y a los vecinos de Escalona y Maqueda. Fuente: Ministerio de Cultura y Deporte


 

Este traspaso fue el comienzo del fin de la fortaleza: la destrucción del puente sobre el río Alberche ordenada por Don Álvaro de Luna tiempo atrás no había hecho sino acelerar la despoblación de la zona, y el castillo acabó siendo desmantelado por los vecinos y quedando en ruinas. Aprovechando sus restos se construyó un palacio (que aún permanece en uso), y en 1841 pasó a engrosar la larga lista de propiedades de los Duques de Osuna. La finca fue adquirida a los duques de Osuna por Don Antonio López y López, primer marqués de Comillas, en 1886.


Más de un siglo después, Doña Ángela María Téllez de Girón y Duque de Estrada, XVI condesa de Osuna, contrajo matrimonio en segundas nupcias con Don José María de Latorre y Montalvo, VI marqués de Montemuzo. Este era uno de los principales terratenientes de Aragón, y entre sus múltiples propiedades figuraba esta magnífica torre aragonesa, actualmente en estado ruinoso.


El Diccionario Madoz, tan recurrido a la hora de buscar información sobre los lugares que traigo a este blog, vio la luz en la época en que esta finca pasó a manos de los duques de Osuna. Esta es la semblanza que se hizo entonces acerca de El Alamín. He corregido las palabras abreviadas con el fin de facilitar la lectura, pero no he modificado la forma en que está escrito ni las (actuales) faltas de ortografía:

 

  • ALAMÍN: Despoblado en la provincia, administración de rentas y diócesis de Toledo (8 leguas), partido judicial de Escalona (1 legua), audiencia territorial y capitanía general de Madrid (9 leguas): situado entre los pueblos de Méntrida, v. del Prado, Almoróx, Escalona, Quismondo, Sta. Cruz del Retamar y Torre de Estéban-Ambram, con cuyas jurisdicciones confina, formando su término una circunferencia de 12 leguas. En lo antiguo fue villa con jurisdicción en varias aldeas que le estaban sujetas; después sin saber en que época ni razón, quedó reducido á despoblado cual es hoy, y tenia un juez particular que nombraba la casa del Infantado, á cuyo señorío correspondía: estinguidos estos, tuvo también un alcalde mayor de real nombramiento, á propuesta de la cámara como todos los demás: era vara de entrada, que comprendía el despoblado, casa, castillo y montes de Alamín. 

  • ALAMÍN (montes de): gran posesión de terreno poblado de encina, álamos negros y blancos, fresnos y alisos, sauces y varios arbustos: situado en el despoblado del mismo nombre y que abraza todo su término. perteneciente á la casa del Infantado, hoy al duque de Osuna, dividida en 12 cuarteles, en cada uno de los cuales existe una casa con un guarda para el cuidado de su respectiva demarcación, y todo á cargo de un administrador que reside en la villa de Méntrida: en el centro de estos montes, y en el sitio donde estuvo el antiguo castillo de Alamín, según algunos cimientos y restos de muralla que se ven, hay un palacio, que aunque pequeñito es bonito, y por el punto tan elevado que ocupa, ofrece una vista sumamente pintoresca: en este palacio hay un oratorio en que se ha celebrado misa para los guardas, ganaderos y demás empleados en el monte, hasta que por los desastres de la guerra civil fue preciso suspender en aquellos sitios tan piadosa institución: productos: ricos y abundantes pastos y bellota, con los que se mantienen y ceban muchas ganaderias de todas clases. Cruza de N. á O., el río Alberche, bañando el pie del cerro sobre que se llalla el palacio, lo que da una deliciosa perspectiva al pais, frondoso y risueño en las agradables márgenes del río: en la derecha del cuartel de Navazarza, é izquierda del de Sardineros, hay un hermoso puente, pero destinado solo á los usos y servicio particular de aquella basta posesión. La matrícula catastral de la provincia calcula el capital producto de esta hermosa propiedad en 3 millones de reales, pero sus contribuciones se satisfacen en la de Guadalajara en la que radican la mayor parte de los bienes de la casa del Infantado. El castillo de Alamin fué derribado por orden del rey D. Pedro, El arzobispo de Toledo lo reedificó en 1389. En él casó D. Enrique, Maestro de Santiago, con Doña Catalina, hermana del rey D. Juan, el dia 8 de noviembre del año 1420


 

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Mapa topográfico nacional, primera edición (comienzos siglo XX)
Fuente: Instituto Geográfico Nacional


  

EL POBLADO DE EL ALAMÍN

 

La historia de este poblado es notablemente más corta y menos intensa que la del terreno sobre el que se asienta. Su artífice fue Don Juan Claudio Güell y Churruca, VII conde de San Pedro de Ruiseñada, aunque a consecuencia de su repentino fallecimiento el poblado pasó a pertenecer a su hijo, Don Alfonso Güell y Martos, IV marqués de Comillas.


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Poblado de El Alamín (1957) - Fuente: Instituto Geográfico Nacional

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Poblado de El Alamín (2018) - Fuente: Instituto Geográfico Nacional

 

El poblado de El Alamín nació en la década de los 50 con el cometido de dar alojamiento a los agricultores que trabajaban las tierras de la finca. En unos tiempos en los que el vehículo privado era un elemento de lujo, y ante la lentitud propia del transporte en la época, el hecho de que los empleados residieran junto a su puesto de trabajo beneficiaba tanto a los empresarios como a los propios trabajadores. Los primeros se aseguraban la mano de obra, y los segundos disfrutaban de vivienda, escuela, oficio religioso y, en resumidas cuentas, lo necesario para el día a día. La construcción de barriadas para albergar a los trabajadores de una industria era una práctica que venía haciéndose desde largo tiempo atrás, y que tendería a extinguirse lentamente con el avance del siglo XX.  

 

Los poblados industriales abundaron por toda la geografía española. Multitud de fábricas e instalaciones mineras dispusieron de su correspondiente barriada. Muchos embalses también tuvieron su poblado, y sirva de ejemplo el de este vídeo del canal de Youtube Despoblados y Abandonados.

 

Los poblados solían tener un diseño sencillo pero eficaz, y El Alamín no iba a ser la excepción. Solo tiene cuatro calles: tres de ellas en paralelo y una perpendicular. Esta última es Nuestra Señora del Carmen, que es donde están ubicadas la escuela, la iglesia y la plaza. De ella nacen tres calles paralelas: las situadas en los extremos son Nuestra Señora de los Reyes y Olivas, esta última de longitud inferior al resto, y entre ambas se ubica Nuestra Señora de las Angustias, que es la principal y da acceso al poblado. También tiene una plaza, la del marqués de Comillas, situada entre la iglesia y el convento y con una fuente en su parte central.


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El convento y la plaza del marqués de Comillas con su fuente
    
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El Alamín llegó a alcanzar una población de 150 habitantes: eran los jornaleros de las tierras del marqués de Comillas y sus correspondientes familias, que recibían las viviendas como retribución en especie y únicamente debían pagar el consumo de luz. El poblado contaba con bar, convento, escuela, iglesia, oficina de correos y peluquería. También disponía de un autobús que enlazaba con Villa del Prado, municipio del que dependía y que proporcionaba los servicios religiosos y sanitarios.


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El bar


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Ya sea por el diseño de las viviendas, por el planteamiento urbano o por el concepto en sí mismo, el caso es que El Alamín recuerda mucho a los pueblos erigidos por el Instituto Nacional de Colonización durante los años cuarenta y cincuenta del s. XX. En el blog de Carreteras Abandonadas tenéis un magnífico reportaje sobre ellos.

 

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Calle principal de El Alamín

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Casas con porche y una sola planta

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Cocina económica, fregadero y lavadero

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El friso que tanto éxito tuvo en los años 60 y 70... y que cargó de humedad las paredes de las viviendas

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Plato de ducha: no era habitual en los años 50, sobre todo en las zonas rurales

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Al otro lado de la calle, casas con sobrao y sin porche

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El sintasol o suelo de vinilo: otro de los éxitos de los 70

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Acceso al sobrao

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Para el tejado, vigas de hormigón, ladrillo y teja

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Pichi vivió aquí

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Uno de los patios, todos son prácticamente idénticos

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Las cerca de cincuenta viviendas que componían el poblado se distribuían a lo largo de sus cuatro calles. Cada casa tenía su correspondiente patio, de dimensiones suficientes para disponer de animales y huerto. No todas tenían sobrao, y tampoco todas tenían porche en la entrada: las viviendas presentaban diferentes tipologías y variadas características en función del número de miembros de la familia que las fuera a habitar. Estaban construidas siguiendo las técnicas de la época, con el empleo de ladrillo y piedra para la tabiquería, hormigón y madera para la estructura y los cerramientos y teja para las cubiertas. Los suelos fueron rematados con baldosas hidráulicas, y todos los hogares disponían de un pequeño cuarto de baño con lavabo, inodoro y ducha, un auténtico lujo en la España rural de la época. La cocina era el centro neurálgico de las viviendas, siendo la económica la protagonista indiscutible, que servía tanto para cocinar a diario como para calentar la vivienda (o parte de ella, mejor dicho) en los duros inviernos de la zona.

 

  • El sobrao es el espacio disponible entre el techo de la última planta y la cubierta, y se empleaba como almacén o granero. Esta denominación es típica de Castilla, y en otras regiones se conoce como buhardilla, desván, falsa… 

  • La económica fue, durante décadas, la cocina por antonomasia en España. Estaban fabricadas en hierro fundido o de chapa de acero, y se suministraban en paneles para empotrar o conformando un mueble en sí mismas. Servían para cocinar con leña o carbón, para calentar agua en un pequeño depósito con grifo que equipaban en un lateral y, por extensión, para caldear la estancia.

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El convento era muy pequeño. Hacía las veces de dispensario para pequeñas afecciones, y también de guardería en caso de que alguna familia tuviera que ausentarse del pueblo.


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La escuela tenía dos aulas: más que suficiente para los niños del poblado. La clase la impartían las monjas


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El buen amigo Faustino Calderón recoge en su blog un notable trabajo de investigación sobre El Alamín y sus costumbres. Te recomiendo que le eches un vistazo, merece mucho la pena.

 

La iglesia es de una sola nave. La pila bautismal estaba en la entrada, cerca del acceso al campanario, y tras el altar mayor está la sacristía, que dispone de doble puerta de acceso (una a cada lado del altar) y tiene un peculiar diseño semicircular.


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Acceso al campanario

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Restos de la pila bautismal


 

Uno de los acontecimientos más destacados acaecidos en El Alamín fue la celebración de la boda de Doña María del Pilar Güell y Martos (hija de los marqueses de Comillas) con Don José Luis de Carranza y Villalonga, conde de Montagut (e hijo de los marqueses de Sotohermoso). El enlace tuvo lugar el 18 de diciembre de 1957, fue apadrinado por los condes de Barcelona y asistieron personalidades como Don Alfonso de Borbón o la infanta Doña Margarita.


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Crónica del ABC acerca del enlace


 

 

EXPOLIO, AIRSOFT Y UN FUTURO INCIERTO

 

La mejora en las comunicaciones y la reducción en los tiempos de desplazamiento han propiciado que los poblados industriales sean cada vez menos necesarios. Si a esto se añade el progresivo declive de la agricultura en nuestro país, se entiende que este lugar cayera en desuso y acabara completamente deshabitado a comienzos del siglo XXI. Hace falta muy poco para que un despoblado sufra expolio y vandalismo, pero si añadimos el hecho de que su ubicación permite que el ruido no llame la atención de los vecinos, el combinado resultante es el que es: y es que, en apenas quince años, El Alamín ha padecido notables destrozos. A las inclemencias meteorológicas y al paso del tiempo hay que añadir la mano humana.


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El Alamín fue abandonado, pero no olvidado. En 2012, y tras haber sido incluidas en un proceso de embargo a su entonces propietario, Gerardo Díaz Ferrán, las 1600 hectáreas que componen la finca (incluyendo la mansión, los campos de cultivo, los cotos de caza y el poblado) fueron adquiridas mediante subasta por la contratista eléctrica venezolana Derwick, presidida por Alejandro Betancourt López. Esta operación se ejecutó en 22,8 millones de euros, superando de largo los 17 millones en que estaba tasada y dejando obsoleta la oferta realizada por Alberto Cortina. Sobre esta acción sobrevuela la sospecha sobre el incierto origen del dinero empleado en la compra de la finca.  

 

La mansión pasó a ser lugar de encuentro entre famosos y millonarios de España y Venezuela, donde se reúnen para cazar jabalíes y venados y realizar negocios. Una de las citas más destacadas fue la mantenida entre Ruddy Giullianni (exalcalde de New York y abogado) y representantes del gobierno de Ucrania, con la finalidad de armar la defensa del entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

 

Actualmente el poblado está completamente vallado, y se prohíbe categóricamente el acceso sin consentimiento. Está alquilado por una empresa de ocio alternativo que realiza partidas de airsoft, y acceder al poblado sin control puede resultar muy peligroso ante el riesgo de acabar herido por accidente.

 

EPÍLOGO

 

Esta zona es una de las preferidas por los madrileños para establecer su segunda residencia (los que pueden, claro). Está bien comunicada, la separa relativamente poca distancia de la capital y se pueden encontrar viviendas a precios razonables. El paisaje es tranquilo, plagado de carrascas y matorrales, y nada haría pensar que hace cientos de años esta era tierra fronteriza, punto caliente de vigilancia constante y, probablemente, origen de tiranteces entre reinos. Nada que ver con la situación actual.


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El Alamín siempre ha estado a tiro de piedra de una ruta que he realizado en numerosas ocasiones durante los últimos quince años. No es que en aquellos viajes pasara por la misma puerta, pero bastó con que un día decidiera desviarme y recorrer diez kilómetros más para descubrir este lugar tan especial. A veces nos obstinamos en buscar destinos interesantes en lugares de lo más disparatado, y acabamos por olvidarnos de lo que tenemos al alcance de nuestra mano: lugares como este, tan cargados de historia, que hacen volar la imaginación hasta límites insospechados.


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