martes, 18 de agosto de 2020

SEAT 850 Especial

 

Muchos se sorprenden acerca de lo joven que es la compañía automovilística española por antonomasia. Mientras que la mayoría de las marcas que conocemos tienen sus orígenes a comienzos del s. XX o incluso a finales del s. XIX, SEAT vio la luz en plena mitad del s. XX, en una España aún convaleciente de sus heridas de guerra.

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SEAT 850 Especial


 

SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AUTOMÓVILES DE TURISMO

 

El Instituto Nacional de Industria llevó a cabo las instrucciones del gobierno: la creación de una fábrica de automóviles propia. Las conversaciones previas con la italiana FIAT habían dado sus frutos, y en 1950 quedó inaugurada la Sociedad Española de Automóviles de Turismo, cuyo acrónimo era SEAT. Un nombre muy adecuado y convenientemente escogido para que se pareciera al de su prima tecnológica FIAT, que era acrónimo de Fábrica Italiana de Automóviles de Turín. Y es que la vinculación entre ambas sociedades iba a ser muy estrecha, ya que la española fabricaría bajo licencia algunos de los vehículos de la italiana. Si bien el objetivo de SEAT era nacionalizar al máximo los componentes de los coches que fabricaba, en lugar de importarlos de Italia (como tuvieron que hacer al principio).


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Factoría SEAT de la zona franca del puerto de Barcelona


 

Hubo que esperar tres años para que fuera fabricado el primer vehículo en la recién inaugurada factoría en la zona franca del puerto de Barcelona. El 13 de noviembre de 1953 vio la luz el primer SEAT, modelo 1400, idéntico a su hermano FIAT y con matrícula B-87223. Esta unidad aún se conserva. El 1400 era un modelo medio dentro de la gama italiana, pero para España y sus condiciones económicas se trataba de un modelo de lujo que abarcó todos los sectores posibles: taxi, policía, estamentos oficiales, industria (con carrocerías especiales) y, por supuesto, uso particular. 


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El primer SEAT: el 1400



Cuatro años después comenzó a comercializarse el SEAT 600, homólogo del FIAT 600, que contribuyó de manera incuestionable a la motorización del país, poniendo al alcance de buena parte de la población un medio de transporte más práctico, más cómodo y más capaz que las motocicletas que hasta entonces muchos utilizaban.


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SEAT 600


 

En 1960 salió a escena el 1400 C, que a pesar de llamarse 1400 no se parecía en nada a sus antecesores, ya que tomaba prestada la carrocería de los FIAT 1800 y 2300, más grande y de estética mucho más moderna. Tres años después SEAT adaptó a esta carrocería el motor de los FIAT 1500, de mejores prestaciones que las del motor que equipaba hasta entonces el 1400 C, dando así lugar a un nuevo modelo que habría de ser emblemático para la casa española: el SEAT 1500.   


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SEAT 1400-C, que adelantaba la línea de su sucesor, el 1500

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SEAT 1500


A comienzos de los años 60, la gama de vehículos que SEAT ofrecía al mercado estaba muy polarizada. El modelo de acceso era un pequeño utilitario, el 600, mientras que la siguiente opción era un vehículo de lujo (para nuestro país), el 1500, existiendo una considerable diferencia económica entre ambos. Era necesario incorporar un modelo intermedio que satisficiera a esa ingente clase media que, poco a poco, se iba generando. Y llegó el 850.  


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La variada gama SEAT en 1971. Observad los precios y la distancia entre sí

 

SEAT 850

 

El 850 nació en 1964, aunque no comenzó a ser producido en España hasta 1966. Fue concebido como un super 600, en tanto en cuanto conservaba buena parte de su concepto, aunque tanto la habitabilidad como las prestaciones sufrieron una notable evolución. En aquella época no era lo mismo tener un 600 que tener un 850. El 850 era “mas coche”. Y era cierto.


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SEAT 850 NORMAL y ESPECIAL


 

El 850 ha sido sin duda uno de los vehículos más polivalentes de los que que hayan podido disponer sus respectivos fabricantes. FIAT es especialista en desarrollar múltiples versiones aprovechando una plataforma ya existente, sobre todo en lo que a modelos pequeños se refiere. Los más amortizados en ese aspecto fueron el 850 y el 128, que a la sazón fue el sustituto del 850. Del 850 hubo versiones sedán de dos y cuatro puertas, coupé, descapotable, furgoneta y un sinfín de modelos únicos elaborados por carroceros especiales. En España solo conocimos las berlinas de dos y cuatro puertas y sus variantes deportivas.


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FIAT 850T

 

El 850 es lo que se conoce como un todo atrás: motor trasero y propulsión. Los vehículos con este tipo de distribución mecánica llevan el maletero en la parte delantera de la carrocería, y en numerosas ocasiones tienen un segundo hueco para dejar objetos entre el asiento trasero y el vano motor. Esta distribución de pesos condiciona la dinámica del coche a la hora de ser conducido, ya que la parte delantera es muy ligera y la potencia proviene de la parte posterior.


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SEAT 850 4 PUERTAS ESPECIAL LUJO


 

Todos los modelos sedán equiparon un motor con 843 cc., aunque la potencia variaba en función del nivel de acabado. Los modelos N y D tenían una potencia de 37 cv. y una velocidad máxima de 125 km/h, mientras que los Especial y D Especial tenían 47 cv., alcanzando hasta 135 km/h.


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Miedo me daría adelantar en las condiciones que dice el anuncio. Publicidad de antaño


 

El modelo Coupé estaba propulsado por un motor de 903 cc. y 47 cv., que lo lanzaban hasta los 140 km/h. Tanto el Sport Coupé (su sustituto) como el Sport Spider (descapotable) equipaban el mismo motor de 903 cc. pero con potencias de 47 y 52 cv., logrando velocidades de 145 y 150 km/h respectivamente, excelentes prestaciones para la época.


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SEAT 850 Coupé

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SEAT 850 Sport Coupé

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SEAT 850 Sport Spider

 

Al 850 le duró poco tiempo eso de ser el hermano mediano: en 1968, dos años después de su lanzamiento, apareció en escena el 124. El que estaba llamado a ser vehículo medio de la casa era de concepción mucho más moderna: tenía un motor más potente, mejores prestaciones, mayor amplitud de habitáculo y maletero, asientos más cómodos y, sobre todo, una estética moderna y con mayor empaque que la del 850. La  historia se repetía: comprar un 124 suponía dar un paso más con respecto al 850, porque el 124 era "más coche”. Y era cierto.


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SEAT 124


 

A comienzos de los años 70 nació una nueva gama de vehículos polivalentes: los todo delante, con motor y tracción delanteras. Este tipo de vehículos aprovechaban de manera mucho más eficiente el espacio disponible, y el más adecuado reparto de pesos hacía más sencilla su conducción, de modo que los coches con motor trasero como el 850 fueron directamente aniquilados por los novísimos Renault 5 y SEAT 127, considerablemente más modernos.  

 

Finalmente, en 1974 y tras 662.832 unidades producidas, el SEAT 850 dejó de producirse.

 

 

850 ESPECIALES RAZONES EN PATERNOY


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Paternoy es una aldea que tiene mucho que ofrecer. Quizá no lo parezca a simple vista, pero basta con dar un paseo por las que fueron sus calles y recorrer sus mágicos rincones para darse cuenta de que estamos en un sitio especial. Os recomiendo que leáis el artículo y veáis las fotos, no os arrepentiréis.

 

Paternoy tiene una razón Especial para ser visitada. Una razón que equivale a 850 Especiales razones.

El paso del tiempo se ha cebado con él, y el vandalismo no ha contribuido a que el coche se conservara en mejores condiciones. Aunque bien mirado, podría estar peor. En este estado y en este lugar supone un aliciente magnífico, un elemento agradecido al que sacar decenas de fotos y con el que disfrutar. Vale la pena dedicarle unos minutos.


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El SEAT 850 tiene cara triste, y en este caso es con motivo


 

A tenor del estado del coche podemos deducir que lleva ahí unas cuantas décadas. Por lo tanto, imagino que el camino de acceso estaría en mejores condiciones de las que está ahora. En verdad el camino no es malo, pero hay un par de tramos de grava profunda que podrían hacer pasar apuros a un coche de rueda estrecha como es el 850. En cualquier caso, llegar allí con un cochecito semejante es de toda una proeza.


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Casi un 850 Especial


 

En contraste con el blanco del interior, el exterior luce un tono rojizo que no parece ser causado únicamente por el óxido. Probablemente el coche fuera originalmente blanco y pintado de rojo con el paso de los años. Aun conserva fragmentos blancos y, lo que es más sorprendente, algunos cromados siguen brillando y resistiendo ante la oxidación.

 

Cualquiera que tenga un coche moderno y haya tenido que cambiar una bombilla sabe lo complicada que puede llegar a ser esa tarea. Sin embargo, en los coches antiguos se trata de una labor de lo más simple. En la mayor parte de los casos era necesario desmontar el faro, para lo cual bastaba un simple destornillador con punta Philips. Aquí ya no queda faro que desmontar, y el saltamontes puede descansar tranquilo a cobijo de la parábola.


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Sencillez máxima en las luminarias

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Parábola donde se insertaba el faro, hoy parada de descanso de un saltamontes


 

El esquema de suspensiones delantero del 850 es del tipo independiente, con sistema McPherson en cada rueda y con ballesta transversal como elemento flexible. Una tecnología sencilla y eficaz, aunque con tendencia a los rebotes en suelo irregular. La suspensión trasera es McPherson, con muelle y amortiguador. Este 850 ya lleva frenos de disco en las ruedas delanteras, mientras que en las traseras equipa tambores. Los frenos de disco fueron una revolución en los automóviles de finales de los 60 y comienzos de los 70, ya que mejoraban la calidad de la frenada y por tanto incrementaban la seguridad activa. Los Renault 8 fueron de los primeros vehículos en equiparlos, y en la luna trasera llevaban una pegatina que advertía: ¡Atención… Frenos de disco!


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Detalle de la suspensión delantera del 850

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Pegatina instalada en los Renault 8


 

Ver este motorcito invita a la sonrisa, porque parece de juguete. Y eso que es capaz de empujar el coche hasta los 135 km/h. ¡Cuánto han cambiado los coches en unas décadas! El radiador se antoja ridículamente pequeño, lo mismo que el resto de componentes mecánicos.


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Motor en posición longitudinal. A la derecha, radiador y bomba de agua con ventilador

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Aún tiene tres de las cuatro bujías, que han cogido un bonito tono rosa. Inmediatamente debajo está el motor de arranque


 

Muchos recuerdan los viajes que hacían en coches como este: cinco o seis de familia, hacinados en el espacio existente y cargados hasta arriba de enseres. Si bien es verdad que la talla media de los españoles ha crecido mucho y no es comparable, hay que entender que en aquella época de carestía había que aprovechar lo que se disponía. Mientras que ahora una familia con dos hijos necesita un monovolumen grande, hace cuarenta años había familias que hacían dos y hasta tres viajes hacia la segunda residencia para llevar a toda la prole, padres políticos incluidos, y todos los aparatos necesarios para pasar el verano.


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Pedales muy pequeños y muy juntos. Escaso espacio disponible.

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Ya en aquella época se fabricaban los coches con simetría, para economizar en la adecuación de aquellos modelos que dispusieran volante a la derecha. El cuadro de instrumentos era muy pequeño, y contenía lo básico: velocímetro graduado hasta 140, nivel de gasolina y temperatura del agua, además de los testigos de carga de alternador, exceso de temperatura de agua, presión de aceite y reserva de gasolina.


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Simetría en el tablier

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Interior del FIAT 850


 

Detalles del interior. Elevalunas manual, con su mecanismo de rueda dentada y cuerda de acero. Reposabrazos de espuma rígida forrado en material plástico y tirador de apertura de puerta metálico. En los vehículos actuales se han sustituido casi todos los elementos de metal cromado por otros de plástico.


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Maneta elevalunas

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Mecanismo elevalunas

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Maneta de la puerta y tirador reposabrazos


 

El depósito de combustible está ubicado detrás del respaldo del asiento trasero, justo sobre el eje posterior. Para llenarlo es necesario abrir el capó del motor, ya que la boca de llenado está en su interior. Esto era habitual en muchos coches de la época, y con los años se sustituyó esa ubicación por el hueco que hay bajo el asiento trasero, considerado el lugar más seguro del coche.  


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Gracias a la acción del óxido ahora podemos ver el depósito de combustible

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Detalle del anclaje del asiento trasero

 

EPÍLOGO

 

¿Cuándo llegó allí? Por la época de fabricación yo diría que lo hizo con posterioridad a la despoblación de Paternoy. ¿Por qué acabó allí? ¿Quien lo subió lo hizo con la idea de abandonarlo? ¿Se quedó averiado y no se molestaron en repararlo? Quién sabe.

 

Desconozco cuánto tiempo durará este coche, aunque creo que, y siempre que el hombre no acelere el proceso, pasarán décadas hasta que desaparezca del todo. Será interesante ver como poco a poco el óxido va deshaciendo la carrocería hasta que, un día, quede convertido en un montón de plásticos y aluminio. No creo que lleguemos a verlo.


Si os ha gustado este coche, os recomiendo que no perdáis de vista el reportaje de la web Lugares Abandonados, que os mostrará otra interesante forma de verlo. 


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lunes, 17 de agosto de 2020

Paternoy

Según D. Pascual Madoz:

PÁTERNOY*

Lugar con ayuntamiento en la provincia de Huesca, partido judicial y diócesis de Jaca, audiencia territorial y ciudad g. de Zaragoza, SIT. en terreno desigual; su CLIMA es frío pero sano. Tiene 11 CASAS, la del concejo que también sirve de escuela de primeras letras; iglesia parroquial (La Asunción de Nuestra Señora.); cementerio en paraje ventilado, y buenas aguas potables. El TERRENO es de mediana calidad, PROD. granos, y pastos para el ganado que cria, POBL. 16 veciudad de catastro, 99 almas. RIQUEZA IMP.  22,208 reales CONTR. 2,837. [sic]

 

Y según D. Pascual Madoz:

 

PATERNOY**

Pardina en la provincia de Huesca, partido judicial de Jaca; correspondió a las monjas benitas de esta ciudad; hoy es de un particular; se halla en término del pueblo de Bailo. [sic]


* y **: Textos mínimamente modificados para facilitar su comprensión

 

Siempre que investigo acerca de un pueblo abandonado mi primera consulta va dirigida al Diccionario Madoz. En lo que se refiere al topónimo Paternoy, este distingue entre dos posibles lugares, diferenciados únicamente por la tilde en la primera A. La definición que más se ajusta a la aldea protagonista es la de Páternoy, con la tilde que ha perdido con los años, mientras que Paternoy debió ser una pardina de la que actualmente no queda ni rastro en los mapas. Debieron estar cerca una de la otra, ya que ambas pertenecían al partido judicial de Jaca y estaban en el término municipal de Bailo.


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EL ÉXODO RURAL

 

La situación se ha repetido varias veces a lo largo de la historia, y aunque causa ha variado a lo largo de los años, el final siempre ha sido el mismo: los pueblos han visto reducida notablemente su población en beneficio de las ciudades. La revolución industrial fue el último revulsivo que provocó una migración masiva desde las áreas rurales hacia las grandes urbes, que eran las que proporcionaban en aquel momento las mejores oportunidades laborales.

 

La selección natural se encarga de que sobrevivan los más fuertes o los que mejor se adapten a las circunstancias que les rodean. Si extrapolamos esta afirmación a los pueblos, se concluye que tendrán más posibilidades de supervivencia aquellos que estén situados en torno a las ciudades, los que disfruten un clima menos agresivo, los que dispongan de mejores carreteras o tengan mayor cantidad de recursos a su alcance. Aunque toda regla tiene sus excepciones, y en ocasiones encontramos pueblos cuyo abandono, a simple vista, no tiene explicación.

 

La mayor parte de los pueblos actualmente abandonados reúne casi siempre los mismos condicionantes. Como su situación, en plena montaña, con climatología adversa. O su difícil acceso: sin carreteras, teniendo que viajar por caminos de herradura a pie o en caballería, con trayectos de varias horas en algunos casos. Sin olvidar su escasez de recursos, incluyendo la ausencia de redes de abastecimiento de agua o luz (en algunos casos la luz llegó al final de sus días). El remate lo pone la falta de oportunidades laborales para las nuevas generaciones: estas se reducían a las imprescindibles para la subsistencia, como la agricultura, ganadería y oficios (hoy artesanía) para hacer entre todos la vida más llevadera.

 

Los más jóvenes no se resignaban a continuar la trayectoria de sus antepasados. La posibilidad de trasladarse a la ciudad y vivir en casas más aclimatadas, con trabajos menos sacrificados y de mayor proyección, resultaba mucho más atractiva que la perspectiva que hasta entonces conocían: agotadoras jornadas de sol a sol trabajando la tierra y cuidando a los animales, largos y duros inviernos encerrados en casas sin comodidades y carencia de opciones de futuro. 

 

Las localidades más fuertes crecieron. Las que supieron adaptarse mantuvieron el tipo, aunque perdieron población. Las que partían de una situación más desfavorable vieron como sus jóvenes marchaban, quedando sin remplazo las viejas generaciones que lo mantenían con vida. Muchos de los que se emigraron arrastraron posteriormente a sus familiares hacia una vida mejor, con las comodidades de la ciudad, y poco a poco quedaron completamente vacías muchas aldeas y caseríos que, hasta unos años antes, no podían imaginar lo cerca que estaba su final. En algunos casos quedaron alguna persona solitaria o algún matrimonio rezagado que, a falta de familiares con los que marchar o prefiriendo quedarse en la realidad que han conocido toda la vida, optaron por permanecer en el pueblo hasta el final de sus días.


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PATERNOY

 

Paternoy cumple con todos los requisitos de la lista del buen despoblado por el éxodo rural: está ubicado en plena montaña, entre los barrancos del Cajicar y del Paternoy, considerablemente alejado de los pueblos más cercanos. No dispuso de carretera de acceso, los desplazamientos desde o hasta Paternoy eran de varias horas por caminos de herradura. Tampoco les llegó la red eléctrica, por lo que hasta el final de sus días tuvieron que iluminarse con candiles y teas.

 

Precisamente como una tea pudo haber ardido Paternoy hasta en dos ocasiones el siglo pasado. La primera tuvo lugar en julio de 1949, cuando un fuego declarado entre Salinas de Jaca y Ena se extendió hacia los montes de Bailo, acercándose de manera peligrosa a Paternoy, cuyo vecindario fue movilizado junto con los de Alastroy y Villalangua.


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Reseña en ABC, 6 de julio de 1949


 

En la segunda ocasión el fuego se llevó por delante más de tres mil hectáreas, y los vecinos de los núcleos periféricos tuvieron que elaborar cortafuegos con urgencia para impedir que las llamas arrasasen tanto sus viviendas como el monasterio románico de San Juan de la Peña, que acoge a los reyes de Aragón de los siglos XI y XII. El foco se localizó en el mismo Paternoy: una hoguera mal apagada por un joven neorrural que ocupaba una de las casas.


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Reseña del incendio en ABC, 25 de agosto de 1994


 

Dejando a un lado estos incidentes y obviando sus leyendas (que como todo pueblo las tendrá), es justo decir que Paternoy no tiene una historia especial tras de sí. Es un pueblo más: uno de tantos humildes y sacrificados lugares que proporcionaron alimento y resguardo a sus habitantes, que lo consideraron hogar y lo cuidaron y respetaron como se merece. Uno de aquellos pueblos imprescindibles para entender nuestro pasado y nuestro presente. Pero que no tenga una historia especial no quiere decir que no sea un lugar especial, porque lo es. Y mucho. Las fotos no le hacen justicia.

 

 

13 de agosto de 2020


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Habían pasado varios meses desde la última vez que nos reunimos el grupo de amigos aficionados a la exploración. Resultaron unos días de lo más entretenidos, con anécdotas divertidas y con resultados sorprendentes en lo que a sitios abandonados se refiere. Aproveché su compañía para disfrutar con ellos diversos lugares que, por su localización o sus características, no convenía visitar en solitario. También aproveché el hecho de que vinieran en un vehículo todo terreno, que resulta imprescindible para llegar a según qué lugares.

 

Tenía una deuda pendiente con esta zona en general, y con Paternoy en particular. Llevaba años apuntado en mi lista de lugares para visitar, pero lo fui posponiendo por diversos motivos. Uno de ellos era la necesidad de acceder en un vehículo 4x4, y vi el cielo abierto cuando, en la cena, me preguntaron por lugares interesantes a los que ir al día siguiente. La ruta comenzaría en un puente en ruinas (con una trágica historia detrás), continuaría en un parador abandonado, continuaría en un hotel que corrió la misma suerte… y el colofón sería esta humilde aldea que, aunque no lo parezca, tanto tiene que ofrecer. Bueno, el auténtico colofón sería darnos un baño refrescante en unas pozas cercanas ¡estábamos en plena ola de calor!

 

A Paternoy se puede llegar por dos caminos. El corto es ancho, aparentemente de buena trazada, aunque en ocasiones tiene fragmentos de grava en los que un turismo podría atascarse. El camino largo casi triplica en longitud al corto y desconozco sus condiciones, aunque tiene la ventaja de disponer a su inicio las pozas en las que nos íbamos a bañar. Escogimos finalmente el camino corto, y una vez pasado el punto de no retorno comenzamos a divisar a lo lejos la iglesia de la Ascensión de Nuestra Señora. La imagen de Paternoy promete: la naturaleza que lo rodea es espectacular, y sus ruinas se intuyen interesantes.


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Dejamos el Jeep en la plaza que hay poco antes de llegar a la iglesia, que es sin duda el punto álgido de todo lo que Paternoy puede ofrecernos. A primera vista parecen cuatro paredes ruinosas y una espadaña, todo cubierto de una espesa capa de zarzas. Pero las apariencias engañan, y las zarzas que cubren el acceso de la misma no son todo lo tupidas que pudiera parecer a simple vista, de modo que se puede entrar en el templo a pesar de los enganchones producidos en la ropa. La iglesia sorprende y mucho: los frescos de las paredes, el impresionante dintel de la puerta principal, los árboles naciendo del interior del templo… La naturaleza la va devorando poco a poco, y le da ese toque de ruina pendiente de descubrir que tanto nos gusta a los que hacemos estas cosas. Vale la pena entretenerse un buen rato en la iglesia y admirar todos los detalles que aún conserva. En verdad creo que sobra cualquier comentario que pueda hacer, lo mejor es que veáis las fotos.


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Espectacular iglesia de La Ascensión de Nuestra Señora


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Acceso cubierto de zarzas. Parece más despejado de lo que realmente está

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Impresionante dintel de la puerta de acceso, ubicada en la base de la torre

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Acceso a la nave principal del templo

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Interior de la torre de la iglesia, visto desde la base

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Un árbol crece bajo el coro, y se apoya en el arco que sostenía la estructura del mismo

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Aún sobrevive la magnífica decoración de las paredes

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Me atrevería a decir que es una de las estaciones del Vía Crucis

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Altar mayor

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Paternoy es muy agradecido para las fotos. Tiene rincones espectaculares que merecen que uno se detenga y observe. Que observe las ruinas de las casas, que la vegetación va haciendo suyas poco a poco. Que observe la impresionante naturaleza que nos rodea, con unos colores difíciles de describir con palabras. Las cámaras no captan esa esencia que nuestros sentidos perciben en directo, pero permiten que reviváis de la forma más realista posible instantes como los que yo viví en primera persona.


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Encaje de piedras entre fachadas para aumentar la resistencia de la estructura


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Al fondo, San Juan de la Peña

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Piedras encajadas al milímetro. Arte

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Paternoy tiene un protagonista que no tiene nada que ver con las casas ni con la iglesia, ni mucho menos con la naturaleza que acoge esta bonita aldea. Se trata de un elemento totalmente artificial, cuyo nacimiento tuvo lugar en los últimos instantes de vida de nuestro pueblo protagonista, y que tuvo que recorrer un camino muy duro para llegar hasta allí. Quizá no estuviera previsto, pero llegó para no salir jamás.

 

SEAT 850 ESPECIAL

 

He dicho en varias ocasiones que me entusiasma encontrar un coche en un lugar abandonado, y esta no es una excepción. Habrá a quien le cueste identificarlo, tal es su estado de descomposición, pero se trata de un SEAT 850 Especial de dos puertas. Si el pueblo es fotogénico el coche lo es aún más, y el hecho de estar medio desmontado permite apreciar las soluciones técnicas que se aplicaban a los coches en los años 60. De las cerca de tres horas que estuvimos por Paternoy, diría que casi una transcurrió alrededor del pobre “culopollo”, haciéndole mil y una fotografías. Tan es así que merece artículo aparte.


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Poco queda del SEAT 850 Especial

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Este es el aspecto que presentó hace unas cuantas décadas

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No desentona en absoluto


Algunas de sus casas tenían un tamaño considerable, y sus fachadas aun lucen bonitas arcadas con la fecha de la construcción de las mismas, todas en torno a la mitad del s. XIX.


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Año 1842
hemos echo esta casa pascual
------ mujer melchora i -------- longas

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Cambios de uso

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Casa Colás, la última en ser deshabitada. Fuente: Los pueblos deshabitados

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Impresionante

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AÑO 1846

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Hecho a mano, corte vertical impecable
 

Paternoy está lleno de rincones increíbles. Algunos de sus callejones parecen lugares de fantasía, teñidos del resplandor verde que desprende la naturaleza que los abraza. Volver en primavera será todo un placer.

 

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Camino mágico que parte de la iglesia hacia el río

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La naturaleza engulle todo a su paso

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Caray ¡cómo ha crecido este bonsay!

 

 


EPÍLOGO

 

Paternoy me sorprendió hasta a mí, que podía intuir lo que iba a encontrar, así que no hace falta que os explique la impresión que causó en mis amigos. ¿Será por encontrarse en medio de la montaña? ¿Será porque la maleza lo devora y le da ese aire de “ruinas sin descubrir” que tanto nos gusta? ¿Será por tener una iglesia sin igual? ¿Será por el SEAT 850 especial? ¿Será por todo lo anterior a la vez?

 

Fueron horas de disfrute para los sentidos. Auditivo (nada como el trinar de los pájaros silvestres), fotográfico y visual. Y al final de la tarde, gastronómico. Y es que después de un largo día de abandonos y caminata, descansando el cuerpo sentados bajo un roble, ¡La coca de cabello de ángel comprada en Ayerbe fue un aperitivo de lujo!

 

Pude saldar una deuda con Paternoy, que ya iba siendo hora. Aunque la historia no terminará aquí: como escribí más arriba, este pueblo debe ser precioso en primavera.

 

P.D.: al final no nos bañamos. ¡No dio tiempo! Aunque mereció la pena. Las pozas seguirán allí cuando hagamos la próxima visita. Y confío en que Paternoy, también.






REFERENCIAS


- Instituto Geográfico Nacional