miércoles, 31 de julio de 2019

Ermita de la Virgen del Espinar

La Ermita de la Virgen Espinar tenía los días contados. La inundación del embalse de Pedrezuela iba a acabar con ella, y aunque ya estaba eximida de sus labores litúrgicas, durante años se la pudo ver erguida y desafiante a las aguas que la rodeaban. Lamentablemente sucumbió a la humedad y la presión del agua.



D. Miguel Fisac fue un arquitecto muy popular en la España de la dictadura. Tenía pasión por el hormigón, lo dominaba como nadie, y aún quedan obras suyas de elegante trazo y magnífica estampa. Hombre religioso (era del OPUS), diseñó no pocas iglesias y capillas, entre las cuales está la nueva ermita, inaugurada en 1969. Por desgracia la estética de este templo no terminaba de ser del agrado de los vecinos de Guadalix, de modo que en 1997 se decide por referéndum construir una nueva ermita del agrado de los feligreses.

Es muy injusto que esté completamente abandonada. El deterioro es patente, aunque por fortuna no sería muy costoso devolverla a su estado original. Forma parte de la obra de un arquitecto ejemplar y singular y no merece caer en el olvido (como está sucediendo). La última foto corresponde con su obra más singular, y lamentablemente desaparecida: "La Pagoda", sede de los Laboratorior Jorba. Os recomiendo que investiguéis sobre Miguel Fisac: muchos de sus edificios son obras que todos conocemos y admiramos.










Casa Cuartel de la Guardia Civil


En 1943, y con la intención de proteger unas instalaciones gubernamentales cercanas, el Ministerio de Fomento encargó al arquitecto D. Enrique García Ormaechea un proyecto para la construcción de una Casa Cuartel de la Guardia Civil. El planteamiento original presentaba una edificación de planta triangular que se adaptaba como un guante a la forma de la parcela escogida. Desde la puerta de la fachada principal se accedería a un patio interior, a través del cual se distribuirían las diferentes dependencias oficiales y las viviendas de los guardias. En el exterior, los paramentos estarían enfoscados y revocados con cal.


El inmueble finalmente proyectado está edificado en ladrillo visto, y su construcción terminó en 1946. Se compone de dos edificios de cubierta plana con terrazas superiores y separados por un patio. Si tomamos el patio como referencia, el edificio situado a su derecha corresponde al cuartel. Su fachada principal se distribuye simétricamente a ambos lados de la puerta central mediante 2 hileras de ventanas cuadradas, remarcadas por piezas de piedra que sobresalen de la misma. La puerta de entrada es rectangular, y al igual que las ventanas, está enmarcada en piedra. Sobre ella quedan instaladas unas letras que, en su momento y sin faltar ninguna, componían la denominación del edificio: "Casa Cuartel de la Guardia Civil". Inmediatamente superior permanece pintado, aunque muy deteriorado, el escudo de la dictadura franquista. El edificio que queda a la izquierda del patio corresponde a las viviendas de los guardias civiles, y presenta una estética similar al cuartel. Su fachada solo tiene ventanas, ya que los portales de acceso están dentro del recinto vallado. En ambos extremos de la fachada hay sendas garitas altas con forma de torretas defensivas. 

Este es el aspecto que presentaba el cuartel en los años 1956-57. Aún no se había construido el edificio de viviendas: 


Y este es el aspecto que presenta en la actualidad:


Octubre de 2017

Hace muchos años que tengo noticias de esta casa cuartel. He de reconocer que me había olvidado completamente de ella, y quiso la suerte que un día recordase su existencia y me pusiera a investigar. En seguida descubrí (con gran sorpresa) que estaba muy cerca de mi casa, de modo que se convirtió en un objetivo prioritario.

Las cosas han cambiado mucho desde 1943. Viendo su situación actual, cuesta mucho pensar que este lugar estuviera situado a pie de carretera y tuviera importancia estratégica. A día de hoy, es difícil entrar en la calle si no eres plenamente consciente de dónde está la entrada de la misma, ya que los árboles están completamente asilvestrados y engullen la carretera (y las señales). Me costó varias visitas acertar con la calle exacta, y aún hoy me cuesta dar con el acceso sin tener que detener prácticamente el coche. No estoy hablando de una carretera perdida en un páramo olvidado: hablo de un barrio en el que residen personas (no pocas), situado en una de las localidades más grandes de la provincia, y ubicado junto a una de las principales autovías del país. 

Los mismos árboles que dificultan la entrada a la calle son los que impiden ver el edificio. La naturaleza siempre quiere recuperar lo que es suyo, y en este caso se empeña con verdadera fruición en hacerlo cuanto antes. Afortunadamente quedan resquicios para poder hacer alguna foto o estudiar la estética del inmueble, sobria y sencilla, tan recurrente en las construcciones públicas de la dictadura.

El cuartel tiene todas las ventanas tapiadas y la puerta cerrada, de modo que no se puede acceder a él. No ocurre lo mismo con el edificio que alberga las ocho viviendas de los guardias civiles: estas son sencillas, y dan a ambas fachadas de la finca. Junto a la puerta principal, a la izquierda, nos encontramos el cuarto de baño. En el centro de la vivienda están el salón-comedor y la cocina, casi americana. Desde el comedor se accede a los tres dormitorios, de dimensiones adecuadas. No tenían calefacción. Eran viviendas con calidad suficiente para vivir, aunque la presentación era espartana. Están completamente vandalizadas, no ya por el robo de los metales, sino por la destrucción gratuita que algunos realizan en los sitios abandonados. 


La cocina es pequeña, pero funcional. Tiene una ventana de generosas dimensiones, y se comunica con el salón casi de forma continuada.



Desde el salón "de paso" se accede tanto a la cocina como a los dormitorios. O quizá estemos en el comedor, y uno de los que consideramos dormitorios sea realmente el salón.







Grandes protagonistas de un lugar abandonado son los objetos que nos encontramos en él. Nos pueden hablar acerca de quién vivía, a qué se dedicaba, sus gustos... encontrar un calendario nos da una pista acerca de cuándo fue habitado por última vez. En este caso, y por las referencias que nos aportan tanto un calendario como el anuncio del Citroën Saxo, podemos estar hablando de finales de los años 90. También nos pueden retrotraer a nuestra infancia: ¿Quién no ha comido yogures Yoplait, ahora desaparecida (en España)? 




Ante la carencia de terraza o galería donde tender la ropa, en muchas comunidades de propietarios se realizaba esta tarea en la azotea. Aún permanecen las estructuras de las que colgaban las cuerdas o los alambres.


El patio posterior todavía almacena casi una veintena de vehículos, todos ellos en estado de abandono y padeciendo el vandalismo. La mayoría son coches extranjeros y de gama media/alta, como un Ford Escort RS Turbo, un Peugeot 505 y un Volkswagen Passat, entre muchos otros. Están rodeados por la  maleza, los árboles, y sufriendo los rigores del sol durante buena parte del día, de modo que su estado de conservación empeora por momentos.







Es una auténtica lástima que se desperdicie de este modo el patrimonio nacional. Realizar estas construcciones requiere grandes inversiones económicas, y un edificio como este podría haberse reconvertido en viviendas sociales (por ejemplo). Abandonarlo a su suerte no es una solución, es un desperdicio de dinero.

martes, 30 de julio de 2019

Balneario de D. Roque Acevedo

"Dentro de la referida casa hay un depósito para distribuir el agua a tres cuartos para baños con sus correspondientes pilas de piedra de una pieza y varios cuartos para hospedaje. Sobre la puerta del edificio hay una lápida en que se lee que D. Roque Acevedo, cirujano del Ayuntamiento de Villanueva y observador de las virtudes medicinales de aquellas aguas por 20 años, hizo aquellos baños en 1848"*

*Descripción extraída y adaptada del Diccionario Geográfico-Histórico-Estadístico de España, Pascual Madoz, 1845*


Cuenta la leyenda que, en 1.848, D. Roque Acevedo comprobó asombrado que su caballo se curaba del asma tras beber en varias ocasiones del manantial de Caldas. Sabidas eran las propiedades termales y mineromedicinales de estas aguas, y D. Roque, que a la sazón era médico, decidió patrocinar la construcción de este centro termal.

Las primeras décadas de su existencia no fueron fáciles. A Ricardo Becerro de Bengoa no le causó muy buena impresión cuando pasó por allí en 1.884, y sintió lástima al comprobar el estado de abandono en que se encontraba "un manantial tan abundante y tan rico que se encuentra al pie del ferrocarril, en una bellísima ribera rodeada de colosales rocas y que tiene todas las condiciones para ser un agradable punto de verano. Está situado dentro de un pobre edificio en la carretera y brota con abundancia en aquel punto mismo, surtiendo de agua a dos pilas de piedra y perdiéndose constantemente su caudal en la corriente del río"*. 

La primera casa era paupérrima. Esta disponía de tres habitaciones con sendas pilas de roca de una sola pieza, a donde llegaba el agua canalizada desde un depósito surtido por el manantial. Con el tiempo se comenzó a dar hospedaje, y las primitivas pilas de piedra dieron paso relucientes bañeras de loza. Poco a poco se fue extendiendo su fama, y para 1.928 el manantial fue declarado de Utilidad Púbica. 

En la Guerra Civil fue necesario reconstruir el edificio, circunstancia que se aprovechó para realizar una ampliación, y continuó funcionando hasta poco tiempo después, cuando fue cerrado al público. Desde entonces permanece totalmente ausente, indiferente al resto del mundo, sufriendo el acoso de vándalos y disfrutando de las personas que siguen yendo a recoger sus excelentes aguas en garrafas.

Este es el aspecto que presentaba el balneario en el vuelo cartográfico Interministerial, realizado entre los años 1973 y 1986. Se aprecian perfectamente el antiguo trazado de la carretera, la nueva curva y las vías del tren.



Agosto de 2018

Dicen que las personas aficionadas a los lugares abandonados tenemos un "radar" interno para localizarlos. Nada más lejos de la realidad. Aunque debo decir que hay algo de verdad en esa afirmación: tal es nuestro afán por investigar, tanto nos gusta elucubrar y descubrir sitios nuevos, que siempre estamos barriendo con la mirada el entorno que nos rodea. Y, como es lógico, tanta búsqueda tiene su recompensa. Incluso en momentos totalmente inimaginables. Porque encontrar este balneario fue para mí una gran sorpresa. Yo viajaba tan tranquilo, conduciendo sin prisa, con las ventanillas bajadas y disfrutando de las montañas que me rodeaban, y de pronto me pareció ver la silueta de un edificio oculto entre los árboles. Intenté recordar el lugar aproximado donde lo había visto, y ya en mi destino guardé la localización para verlo a mi regreso.

Hoy no es más que un edificio en ruinas situado a la vera de una carretera muy transitada. Los coches ya no circulan por su fachada, sino que lo hacen por la nueva curva, mucho más segura, construida solo a unos metros de la vieja carretera. Las acacias que lo rodean están tan crecidas que, en verano, apenas se vislumbra su presencia. Una vez aparcado el coche, y mientras buscaba un hueco por el que adentrarme, se acercó a saludarme un hombre que venía a recoger agua del manantial. Eso ya me dio una pista acerca de lo que podía ser este edificio, ya que no tenía la más remota idea. 

Aquí podemos comparar la estampa que lucía el balneario a comienzos de siglo con el aspecto que presenta ahora. La parte en gris se añadió al edificio inicial, quedando sus plantas a diferente altura con respecto a las del balneario original. En su fachada luce un escudo, probablemente de la familia Acevedo.
                        
    


La carretera ya no pasa por delante del balneario: el trazado original era muy sinuoso, y ha dado paso a curvas más suaves que le alejan del ruido de los camiones. A unos metros del balneario pasa, sobreelevada, la línea de tren que vertebra la comarca.


La entrada principal tiene pinta de no haber dejado pasar clientes durante unos cuantos años. Esto no es óbice para que gente indeseable haya encontrado acceso por alguna ventana o rincón abierto (y si no hay hueco lo crean).


Como es lógico, el balneario tenía cocina y comedor. Probablemente también dieran comidas a viajeros de paso.





Las habitaciones eran, en esencia, idénticas. En las plantas superiores encontramos dormitorios con armario y lavabo.



Algunas habitaciones tenían armario empotrado


Al final del pasillo se localiza el baño compartido para los huéspedes


En la planta baja encontramos las salas de baño, donde los pacientes recibían el tratamiento termal. Algunas tenían las paredes cubiertas con azulejo blanco, otras con azulejo azul.




A día de hoy resulta idílica (incluso romántica) la estampa de una locomotora de vapor silbando y humeando mientras arrastra montaña arriba los vagones cargados de viajeros y mercancías. Sinceramente, creo que no nos gustaría escucharlo mientras recibimos un relajante baño de aguas mineromedicinales. Aunque también es cierto que, en aquella época, ver y escuchar una locomotora de vapor sería algo rutinario, e incluso aburrido.


No entraba en mis planes de aquel verano pasar un día relajante en un balneario. Quiso la suerte que mi "radar interno" desviara mi atención, una vez más, hacia un lugar considerado aburrido y triste para muchos, pero fascinante y lleno de diversión para mí. Creedme: salí tan relajado como si hubiera pasado horas bajo el agua. ¡Y gratis!



Referencias:

Cañicera

Lugar con ayuntamiento en la provincia de Soria (14 leguas), partido judicial del Burgo de Osma (5 leguas), audiencia territorial y ciudad g. de Burgos (25 leguas), clióciudad de Sigüenza (9 leguas).

Situada en la falda de un cerro que lo domina por el norte, y libre a la influencia de los demás vientos, su clima es sano y no se le conocen enfermedades especiales. Tiene 14 casas, la consistorial, escuela de instrucción primaria concurrida por 12 alumnos de ambos sexos a cargo de un maestro a la vez sacristán y secretario de ayuntamiento, dolado con 10 fanegas de trigo; una fuente de buenas aguas que provee al vecindario para beber y demás usos domésticos, y una iglesia parroquial con advocación a San Martin, aneja de la de Tarancueña, cuyo párroco la sirve por medio de un teniente.

Linda el término municipal, al norte con el despoblado de Rejuelas; al este con Tarancueña; al sur con Manzanares, y al oeste con Rebollosa. Dentro de él se encuentran varios manantiales y pozos, que sirven para abrevaderos de los ganados. El terreno que participa de monte y llana es flojo y de poca miga; comprende un monte poblado de roble, una dehesa propia del común, algunos huertos rodeados de álamos y varios prados. Caminos: los locales de herradura y en mal estado.Correo: se recibe y despacha por la arteria de Caracena. Producción: trigo común, centeno, cebada, avena, legumbres, pocas patatas y berza; cria de ganado lanar, vacuno y asnal. Abunda la caza, en particular de perdices.

Población: 1 vecindario, 60 almas.
Impuestos: 4.388 reales.
Presupuesto Municipal: 100 reales, que se cubren con los productos del monte.


*Descripción extraída y adaptada del Diccionario Geográfico-Histórico-Estadístico de España, Pascual Madoz, 1845


Cañicera, julio de 2018

El destino ha querido que tenga aficiones viajeras. Esto es así. De una forma u otra, para poder disfrutar plenamente de las cosas que me gustan tengo que coger el coche. Afortunadamente conducir es otra de mis aficiones.

Esperaba ansioso la llegada de aquel fin de semana. Iba a ser una reunión con amigos a los que, por desgracia, no tengo ocasión de ver tanto como quisiera. Estaría aderezada con buena comida, bebida, y además iba a disfrutar del Pirineo, que me fascina. Por si fuera poco, iba a hacer una ruta en 4x4 junto al compañero bloguero Carreteras Abandonadas (os recomiendo visitar su blog) por una de las carreteras más importantes del Pirineo y que actualmente está completamente olvidada. Como podéis imaginar, el fin de semana prometía. ¿Y por el camino? Siempre que realizo un viaje largo procuro aprovechar el trayecto, siempre hay lugares interesantes para visitar sin tener que desviarme mucho de la ruta. Y allí estaba Cañicera.

La primera noticia que tuve de este pueblo me hizo recurrir una y otra vez a los mapas del IGN, a Google Maps, a buscar fotos y reportajes... A decir verdad no sé qué vi en Cañicera para tener tantas ganas de visitarlo en persona, pero la realidad era que no se alejaba demasiado de mi ruta prevista para el viaje y tenía tiempo para visitarlo de forma relajada. Es curioso: cerca de Cañicera hay un buen número de despoblados interesantes, pero ni pensé en ellos. Yo quería ir a Cañicera.

Ubicado a 1204 metros de altitud, se le supone un clima extremo: muy caluroso en verano y helador en invierno. El invierno lo imagino por su situación geográfica, pero del verano puedo dar fe: aquella mañana de julio era asfixiante. Tampoco ayuda llevar botas y ropa de manga larga, pero tengo muy claro que la seguridad es fundamental. Para caminar sobre escombros y vigas viejas, a veces repletas de clavos oxidados, es imprescindible llevar calzado resistente. Y como raro es el pueblo que no está comido por la maleza, la manga larga evita que uno se llene los brazos y las piernas de arañazos. Lo siguiente debería ser el casco, porque me pego cada golpe en la cabeza...

El paso del tiempo es cruel, y se ha cebado con Cañicera. En la siguiente foto, que compara dos fotografías tomadas en sendos vuelos gubernamentales destinados a cartografiar el país, se constata como, en el transcurso de unas décadas, han desaparecido prácticamente todos los tejados. 


La calle principal está cubierta por un tapiz verde, que hace un bonito contraste con el tono rojizo de las fachadas. Se divide en dos partes, la Baja y la Alta. La parte Baja comienza en el camino de acceso, junto a la iglesia, y termina en una plaza triangular. En ella nace la parte Alta, que asciende hasta la última casa. No está deshabitado, al menos una de las casas tiene huéspedes con cierta frecuencia (de hecho se anuncia como casa rural), y las tierras de labor siguen siendo trabajadas por los agricultores de la zona. 

Es un pueblo pequeño, sencillo y bonito. Todas las viviendas están orientadas en torno a la calle principal, que asciende terminando en la única casa habitada (y muy cuidada). En la parte baja del pueblo, justo a la entrada, nos encontramos los restos de una iglesia absolutamente engullida por la vegetación, haciendo honor a la tan recurrente frase de "la naturaleza recupera lo que es suyo".

Comenzaremos la visita en la iglesia, que está situada en la parte más baja, e iremos ascendiendo por la calle principal. Por desgracia, lo poco que queda de la iglesia de San Martín está absolutamente ocupado por la naturaleza. Aquel día era imposible acceder a su interior. Quizá en invierno...





Desde la iglesia podemos ver la calle principal, la plaza triangular y la parte alta del pueblo.


En la plaza triangular nos encontramos con una casa muy grande y señorial, probablemente fuera de la familia más acaudalada del pueblo. La fachada tiene tales dimensiones que prácticamente no cabía en una sola fotografía.


La plaza triangular debía ser el lugar con más vida del pueblo. Desde este balcón se tenía controlada la parte baja.



Creo que esta chimenea es utilizada con más frecuencia de la que nos podamos imaginar.


En la plaza triangular comienza la parte alta del pueblo.


Como aficionado a los coches que soy, me gusta mucho encontrar elementos relacionados con ese mundo. Ese trozo de chapa corresponde al techo de un Renault 8 o 10, berlinas medias de la marca francesa que recorrieron nuestras carreteras durante los años 60, 70 y 80. 


Jugar a las adivinanzas da mucho juego en la exploración de lugares olvidados. ¿Imaginamos que la fachada enfoscada corresponde a la vivienda, mientras que la que tiene la piedra a la vista pertenece a la cuadra o pajar? Por desgracia poco podemos averiguar, ya que no queda en pie ningún elemento del interior que nos proporcione alguna pista.


Es triste que nos lo tengan que recordar: un lugar despoblado no tiene necesariamente que estar abandonado o carecer de propietario/a


Pese a ser un pueblo tan pequeño, me entretuve mucho rato observando y fotografiando los rincones tan bonitos que ofrece. En el próximo viaje que haga por la zona volveré a Cañicera, me gustaría volver a zascandilear entre sus ruinas.