sábado, 28 de marzo de 2020

Ermita de la Virgen del Espinar


El agua se iba acumulando. De forma lenta, pero progresiva. La construcción del embalse de Pedrezuela había terminado, y ahora solo quedaba llenarlo de agua y utilizarlo como correspondía. Un agua que, centímetro a centímetro, inundaba y se apropiaba de un terreno que hasta entonces no le pertenecía: caminos de servidumbre, campos de cultivo, charnaques de aperos de labranza… y una ermita, la de Nuestra Señora del Espinar, a la que, por ser su patrona, todos los años acuden en romería los vecinos de Guadalix de la Sierra.

El ayuntamiento lo tenía todo calculado. No había alcanzado el agua la base de la ermita original cuando ya estaba prácticamente terminado el nuevo templo que acogería la imagen de la virgen. Para ello se había contado con los servicios de un prestigioso arquitecto, D. Miguel Fisac, que a pesar de ser conocido con el sobrenombre de “arquitecto de las iglesias”, contaba entre su obra con edificios emblemáticos de carácter tanto profano como religioso. Por desgracia, el consistorio no había previsto el rechazo de los vecinos al resultado final de la nueva ermita, y con el tiempo esta quedó completamente abandonada a su suerte, debiendo realizarse la construcción de un nuevo templo. Mientras que la nueva ermita gozó de la opinión favorable de los feligreses, la ermita original se dejaba ver en las bajadas de nivel del embalse, presentando cada peor aspecto, hasta que finalmente se desplomó por el peso del agua. La ermita de Fisac quedó olvidada, mirando al pueblo y al embalse, como metáfora de lo marginado que estuvo su creador durante décadas.

La primera ermita de la Virgen del Espinar


--------- MIGUEL FISAC ---------


Se tituló como arquitecto en 1942, obteniendo asimismo el Premio Superior. Desde el principio de su carrera huyó de las tendencias constructivas que le mostraron sus maestros, sintiéndose más identificado con corrientes contemporáneas como el neoempirismo y el organicismo nórdico. Él concebía la arquitectura como un elemento social que estaba al servicio del ser humano, cuya finalidad era proporcionarle refugio, serle de utilidad y, por encima de todo, resultarle económica en su construcción. Con el paso de los años su estilo fue cada vez más personal, haciendo que sus obras no pasaran inadvertidas y fueran inconfundibles.

Miguel Fisac, posando junto a secciones de sus famosas vigas hueso


Habiendo alcanzado la madurez personal y profesional, dejó volar su imaginación y se expresó con el hormigón armado y pretensado. Lo consideraba el material perfecto para la construcción. La finalidad era diseñar edificios eficientes, sin columnas, que permitieran una adecuada iluminación, y todo ello aplicando el material imprescindible, reduciendo el coste de construcción al mínimo. Fruto de esos estudios son las vigas hueso, presentes en muchas de sus creaciones, que permitían salvar grandes luces sin necesidad de columnas. Se adelantó a su tiempo, investigando y aplicando en sus diseños encofrados flexibles y cubiertas postensadas. Su prestigio creció notablemente, lo que le permitió cada vez mayor libertad a la hora de elaborar sus creaciones.

Centro de Estudios Hidrográficos, cubierto de vigas hueso

Vivienda particular de Miguel Fisac, ubicada en el Cerro del Aire. Se aprecia con nitidez el empleo de las vigas hueso


Era un hombre profundamente religioso. Conjugó su religiosidad con su estilo austero y minimalista, y lo plasmó en todos los edificios religiosos que diseñó. El carácter de los mismos era sobrio y asimétrico, con paredes desnudas, mezclando vidrieras monocromáticas y multicolor y contrastando paredes rectas con muros curvos y tensados. Muchas de sus iglesias tenían planta en forma de cuña, de manera que los laterales del templo convergieran en un punto de fuga ubicado en el altar mayor, atrayendo por tanto la atención de los fieles hacia el sacerdote.

Iglesia de Los Dominicos, en Madrid

Iglesia de Santa Ana y la Esperanza, en Madrid. 

Altar de la Iglesia de Santa Ana y la Esperanza, en Madrid

Escalera en la parroquia de San Pedro Mártir, de los Dominicos

Detalle de la escalera: la viga sobre la que se sujetan los escalones no llega a tocar la pared


Miguel Fisac fue miembro numerario del Opus Dei, aunque confiesa que se arrepintió de haber entrado en “la Obra” desde el primer día, tras comprobar de primera mano que aquello no era lo que sus dirigentes manifestaban: el “medio cristiano de salvación del mundo”. Tuvo numerosos desencuentros con José María Escrivá de Balaguer, y con el paso del tiempo, vio en primera persona como la Obra dejó de ser una organización humilde y sencilla para convertirse en una máquina de engendrar dinero y poder. Tardó años en conseguir que le permitieran salir de la organización, y después de negarse a pertenecer a ella de una forma más privilegiada, comenzó a sufrir el acoso por parte de quienes hasta entonces habían sido sus hermanos. Pasó décadas ignorado tanto por la gente que continuaba perteneciendo a la obra como por otros que, habiéndose considerado anteriormente perjudicados por su éxito, ahora se beneficiaban de su desgracia.  A río revuelto, ganancia de pescadores.



--------- LA PAGODA ---------

O cómo empezar la casa por el tejado


A mediados de los años 60, Miguel Fisac aceptó el encargo de los Laboratorios Jorba para diseñar el conjunto industrial que acogería sus instalaciones. Debía estar compuesto por laboratorio, almacenes y oficinas, y estas últimas debían ser un elemento representativo dentro del recinto, un reclamo publicitario que sería visible desde la carretera N-II, situada a los pies de la parcela.

Para lograr tal fin, aplicó a este proyecto todos los conocimientos y avances de los que disponía. Se impuso la racionalidad y la eficacia, y las estancias se diseñaron de manera que se redujeran al mínimo los recorridos internos. En las zonas de producción y almacenaje, las cubiertas estaban sostenidas por sus famosas vigas hueso, lo que permitía superficies diáfanas de considerable extensión. El edificio de oficinas fue concebido como una torre anuncio, y para ello el arquitecto giró cada planta 45º con respecto a la inmediatamente inferior, dando continuidad al enlace entre plantas a base de paraboloides simétricos. Se construyó de arriba abajo, para evitar que las salpicaduras de hormigón estropearan la estética lisa de los enlaces entre las plantas. La cubierta fue rematada con puntas. Por su peculiar estética le sobrevino el apodo de “La Pagoda”, y la torre se convirtió en todo un reclamo y un símbolo: en aquella época, y dada su ubicación, pasar por debajo de La Pagoda indicaba que se estaba entrando o saliendo de Madrid.

Alzado del proyecto de los Laboratorios Jorba

Planta de la torre. Los salientes de las respectivas plantas conforman un octógono

Construcción del edificio desde la cubierta hasta la base

Detalle del empleo de vigas hueso en los almacenes y laboratorios

La Pagoda

Impecable enlace entre plantas utilizando paraboloides simétricos


Entrados los años 90, los Laboratorios Jorba vendieron sus instalaciones de Madrid. Los nuevos propietarios manifestaron su intención de derribar el conjunto aunque salvando La Pagoda, a la que deciden renombrar “Edificio Miguel Fisac”. Semanas después de rebautizar la torre, y para desconcierto de los madrileños, las máquinas excavadoras iniciaron el proceso de demolición de tan emblemático edificio. Esto desencadenó las protestas tanto de arquitectos nacionales como extranjeros, pero el mal ya estaba hecho. La pregunta es: ¿por qué?

Proceso de demolición de La Pagoda

Crónica de la demolición en el diario ABC


Según las palabras del propio Miguel Fisac, la Pagoda murió de éxito. La nueva propietaria de las instalaciones solicitó la licencia para demoler parte del conjunto, y el Ayuntamiento de Madrid la aprobó a cambio de que también fuera derribada La Pagoda. Hubo manifiestas irregularidades a la hora de votar la aprobación de esta licencia: el recuento oficial indica que hubo unanimidad en la aprobación de la demolición, mientras que cuatro de los siete vocales lo desmienten. Además, existen discordancias entre las fechas de reunión que figuran en las actas y las que aparecen en la licencia concedida. Por si esto no fuera suficiente, resulta sorprendente que tan emblemático edificio no estuviera incluido en el Plan de Urbanismo de Madrid de 1997, según palabras de su gerente, Luis Armada, “por tener un diseño funcionalmente incorrecto”. Su inclusión en este listado lo habría protegido y no habría tenido tan triste final.

Es más que evidente que había un gran interés en evitar que La Pagoda siguiera en pie. Su fama internacional la predecía, y el Opus Dei no estaba dispuesto a consentir que permaneciera en pie un edificio que luciera y engrandeciera el nombre de Miguel Fisac.



Verano de 2017


La ermita de la Virgen del Espinar, poco después de ser abandonada


Llevaba días planeando una excursión para visitar lugares abandonados, y tenía muy claro cual iba a ser la primera parada: aquel edificio extraño del que no sabía absolutamente nada y que veía junto a la carretera cada vez que pasaba por Guadalix de la Sierra. En ningún mapa se indicaba lo que era, y tampoco aparecía reseñado en ninguna web de la localidad, de modo que la única solución era verlo in situ.

Está situada en un plano junto a la carretera, aunque a una cota superior. Todo el perímetro del recinto está rodeado por un muro de contención elaborado con bloques de piedra, seccionado en su parte frontal para albergar una escalera de acceso, que nace en el borde de la carretera y finaliza en la fachada de la ermita. Teniendo en cuenta que fue construida en 1969, y que en aquella época las carreteras no eran tan anchas como lo son ahora, imagino que la escalera arrancaría desde un camino o acera.

Muro de contención con escalera de acceso

El muro de contención presenta contrafuertes para aumentar su resistencia


Es de trazo sencillo y tiene cierta estética rural, fruto de la intención del arquitecto para mimetizar la ermita con el entorno. Está compuesta por una sola nave de trazado rectangular, cuyo lado más largo corresponde a la fachada principal. Esta es completamente abierta, y tiene delante un porche con tres arcos apuntados. El suelo está lucido con baldosas de terrazo y tiene doble altura, correspondiendo la zona más elevada al altar. La pared izquierda hace chaflán, y a la derecha de la nave hay una espadaña en la que probablemente hubo una campana. Detrás de esta hay un pequeño cuarto que comunica el altar con la parte posterior de la ermita y que hacía las veces de sacristía.

Porche con arcos apuntados

Vista de la nave desde el porche. Se aprecian restos del cerramiento.

Altar de la ermita

Parte posterior

Es uno de los abandonos más sencillos que he visitado nunca. Tardé poco tiempo en recorrerlo, y mientras conducía en dirección a mi siguiente objetivo, no dejaba de pensar en qué había sido esa construcción y por qué quedó abandonada.



--------- EPÍLOGO ---------


Por un lado, entiendo a los habitantes del Guadalix de 1969. Estamos hablando de un edificio de tipología un tanto extraña, ya que no responde a la imagen de ermita que todos tenemos en la cabeza. Su diseño es resultado de la fusión de elementos modernos con otros más clásicos, en un intento de acercarse a un sector más tradicional. Resulta una combinación un tanto chocante, sobre todo si nos remontamos a 40 años atrás.

Por otro lado, no entiendo a los habitantes del Guadalix de 1969. Sé que sobre gustos no hay nada escrito, pero a mí me parece un edificio moderno, sencillo, con espacio a su alrededor y firmado por uno de los arquitectos de mayor renombre de la época. Quizá sea porque lo veo con una mentalidad propia de alguien que vive cuarenta años después, pero no creo que el lugar mereciera este final.

Actual ermita de la Virgen del Espinar


El propio Miguel Fisac defendía que la arquitectura debe estar al servicio del ser humano. Y si al ser humano no le gusta lo que se ha construido, se levanta un nuevo templo a la virgen y asunto resuelto.

Y aquí paz, y después gloria.


--------- REFERENCIAS ---------



sábado, 21 de marzo de 2020

Finca "La Isabela"



En una de tantas entrevistas que le hicieron, le preguntaron a Alfredo Landa acerca de la crisis que el cine vivía en ese momento, y él respondió que “el cine ha estado en crisis toda la vida”. No le falta razón. Es algo que siempre se ha dicho. Y es que la trayectoria del cine español ha sido muy turbulenta. Escasez de presupuesto, censura, dudosa calidad en géneros como “el destape”… Estos y algunos más son elementos que no contribuyen en absoluto a que el espectador tenga buena imagen de nuestro cine. Y es algo tremendamente injusto, porque oiga: hay muy buen cine español. Hay auténticas obras de arte que, por desgracia, no salen a relucir tanto como sería deseable. Basta con ver alguna película de Buñuel o Berlanga para entrar en otra dimensión del cine patrio.

Los que sí están de capa caída son los cines, en plural. Las salas de cine. Disfrutaron una época gloriosa en la que había directores españoles que rodaban cuatro películas al año, y los primeros actores no daban abasto al compatibilizar rodajes con obras de teatro. La Gran Vía de Madrid, nuestro Broadway particular, llegó a tener trece salas. No había centro comercial de barrio que no tuviera su sala de cine, y hogaño no hay centro comercial de barrio que no haya visto remplazado su cine por un gimnasio. O por un supermercado, que también los hay. Nuestro Broadway particular se ha convertido en un enorme muestrario de multinacionales de la moda. No estoy a favor ni en contra: creo que hay que saber adaptarse a los nuevos tiempos, y está claro que los cines no supieron hacerlo en su momento, aunque parece que se está revirtiendo la situación. El coste de las entradas es muy elevado (o quizá nuestros sueldos son muy bajos, que también), del precio de las palomitas mejor no hablemos, y con la llegada de internet, el acceso a las películas se hace de forma mucho más cómoda y directa, sin ser necesario pasar por taquilla. Quizá el cine no está en crisis, porque se siguen rodando películas año tras año: son las salas de cine las que están sucumbiendo.

Volviendo a los años de expansión del cine, huelga decir que, además de haber directores prolíficos y actores llenos de proyectos, también había productores que impulsaban todo este negocio. Y en este acto entra en escena la familia Patuel Enrique, y con un claro papel protagonista, D. Enrique Patuel Enrique.



---------  ENRIQUE PATUEL ENRIQUE  ---------

Enrique Patuel Enrique fue un conocido empresario de Madrid. Era el séptimo y último hijo de una acaudalada familia castellonense. Gozó de buena posición social y se relacionó con gente de la aristocracia, grandes empresarios y políticos. Se casó con Dª Eulalia Sánchez de Molina del Río, y tuvieron ocho hijos: Enrique, Eulalia, Ramón, Dolores, Vicente, Hilario, María y Rosa María. Prueba de su elevada categoría social son las trayectorias de sus hijos, de las cuales mencionaré dos: las de Eulalia y Vicente. 
  • Eulalia se casó en 1951 con el Ministro Plenipotenciario y Visitador de Consulados del Perú, D. Eduardo Ribera Schreiber. La boda tuvo lugar en la iglesia de Jesús de Medinaceli, y bendijo la unión el nuncio de Su Santidad, monseñor Cicognani. La madrina fue la marquesa de Medinaceli, siendo testigo el duque de Medinaceli, y asistieron a la misma mariscales, ministros y gente de alta alcurnia.
  • Vicente fue un conocido productor de cine en las décadas de los 60, 70 y 80. En 1975 produjo, entre otras, la película “Striptease a la inglesa”, protagonizada por Carmen Sevilla, con quien se casó diez años después. Ambos decidieron dejar atrás su pasado cinematográfico y comprar una finca en Herrera del Duque, donde se dedicaron a la agricultura y la cría de ganado lanar. Parece ser que la finca no resultó ser un negocio tan rentable como esperaban, y en 1991 Carmen aceptó la propuesta que Telecinco para presentar el Telecupón, en el cual dejó marcado su sello personal. Todos los que vivimos aquella época recordamos sus despistes, su acento andaluz a la hora de nombrar “el cuponsito” y sus adoradas ovejas de Herrera del Duque, a las que siempre mencionaba como “mis ovejitas”. Vicente falleció el 23 de abril de 2000, de forma totalmente inesperada y a consecuencia de un infarto. Tenía 68 años.

Enrique Patuel Enrique y su hijo Vicente, recibidos por Francisco Franco


Enrique y su hermano Vicente formaron parte de la gloriosa etapa de expansión de los cines y los teatros. Eran muy queridos entre los actores y autores españoles. Obras de Vicente son tanto la construcción del Cine Avenida (hoy reconvertido a tienda de ropa “H&M”) como la del Teatro Nuevo Apolo, entonces Teatro Progreso. Este último nació con la idea de compensar la pérdida del Teatro Apolo original, que estaba situado en la calle de Alcalá, y fue derribado para edificar en su lugar la sede del Banco de Vizcaya. A consecuencia de esta pérdida, Vicente adquirió un edificio en la plaza del Progreso (hoy plaza de Tirso de Molina), y tras desahuciar a los inquilinos del inmueble, acometió la demolición del mismo y posterior construcción del nuevo teatro, cuya ejecución se valoró en tres millones de pesetas.

Inauguración del Teatro Avenida, posteriormente Cine Avenida, en la Gran Vía de Madrid

Noticia de la compra del edificio donde se ubicará el nuevo Teatro Apolo


Enrique, que ya tenía entre sus propiedades el Cine Gran Vía, fue el artífice del Cine Españoleto, que estaba situado en la calle de Fernández de Los Ríos, 67. Un supermercado ocupa hoy lo que en su momento fue el cine con la pantalla más grande de Europa. Fue inaugurado el 7 de noviembre de 1964, con la proyección de la película “La Noche de la Iguana”. Contaba con patio de butacas y entresuelo, y en 1973 estrenó el novedoso sistema Vistarama, que con su pantalla cóncava superaba en superficie y calidad al tradicional Cinerama. Inició su trayectoria como cine exclusivamente de estrenos, reconvirtiéndose con los años en cine de sesión continua y versión original, hasta la llegada de su cierre definitivo en 1988.

Folleto informativo del Cine Gran Vía, propiedad de Enrique Patuel

Anuncio en el periódico ABC de la inauguración del Cine Españoleto

Invitación a la inauguración del Cine Españoleto


D. Enrique Patuel Enrique era un atareado hombre de negocios. Como tal, necesitaba un lugar donde relajarse, donde desconectar del ajetreado Madrid de los años 40, viendo la ciudad desde la distancia, disfrutando del campo y la naturaleza. Ese lugar existía, y se llamaba La Isabela.


---------  LA ISABELA  ---------

Vista en tres dimensiones de Google 

La Isabela era una finca de recreo ubicada en medio del campo, en plena naturaleza, rodeada de vegetación, a salvo de miradas indiscretas y con todo el lujo que cualquiera pudiera desear. Hago bien en hablar en pasado, ya que poco de lo relatado anteriormente sigue existiendo. No solo la mayoría de los edificios amenazan ruina (cuando no están prácticamente derruidos), sino que todos los enseres han sido expoliados o vandalizados. Además, y por si no fuera suficiente, ni siquiera se sigue ubicando en medio del campo: este ha sido sustituido por una gran urbanización de lujo que rodea a La Isabela en más de la mitad de su perímetro.

No debemos dejarnos engañar por su ficha catastral: esta indica que la casa está construida en 1975, cuando en verdad ya estaba edificada casi 40 años antes. En la esquela publicada en ABC con motivo de la defunción de Dª Eulalia, a la sazón esposa de D. Enrique, queda reflejado que falleció en esta misma casa el 27 de marzo de 1945. Además, aparece en las fotografías aéreas realizadas por el Vuelo Americano de la Serie B (1956-57), aunque en estas fotos se puede comprobar que no hay construido más que la casa principal, apreciándose los cimientos de lo que en el futuro serán el resto de edificaciones. En la comparativa utilizo la fotografía tomada por el Vuelo Interministerial, que tiene mayor nitidez.

Esquela de Dª Eulalia Sánchez de Molina y del Río, esposa de D. Enrique Patuel Enrique

Comparativa del declive de La Isabela


La finca ocupa una superficie de 680.371 m2, en su inmensa mayoría cubiertos por arbustos, pinos de reforestación y monte bajo en general. Estos dan cobijo a la fauna autóctona: águilas, rabilargos, urracas, verderones, conejos, ginetas, jabalíes, liebres, zorros… Todo este terreno está catalogado actualmente como parque natural, quedando protegidas tanto la naturaleza como la finca en sí misma, ya que no está permitida la ampliación de inmuebles existentes o la edificación de otros nuevos.

El área habitable tenía una casa principal de, aproximadamente, 850 m2. Todas las estancias se orientaban en torno al patio central. No tenía jardines ¿para qué? Como si hubiera mejor jardín que la propia naturaleza. Disponía asimismo de casa de guardeses y dos viviendas anejas más, probablemente para alojamiento de la servidumbre. También había caballerizas y cochera, así como piscinas al aire libre y cubierta, sauna, baño turco y gimnasio. Todas las superficies construidas superaban, en conjunto, los 2000 m2. Conviene resaltar que, en el momento de su construcción, la finca estaba ubicada en medio del campo, sin carretera directa de acceso, lo que dificultaba enormemente el traslado de materiales y personal.


Verano de 2018

El hecho de tener que atravesar una urbanización de lujo para poder acceder a la finca no me facilitaba las cosas, de modo que tuve que dar un rodeo importante. Cuanto más me alejaba del núcleo urbano más se complicaba el camino, con enormes surcos provocados por el agua de lluvia y grandes piedras que entorpecían el paso del coche. Quizá hubiera sido más conveniente acceder a pie, pero era algo que no se me pasó por la cabeza. Ese mes de agosto fue especialmente caluroso, y la distancia a recorrer no era corta precisamente.

Visitar un lugar abandonado siempre entraña riesgos. El riesgo se multiplica si ese lugar está ubicado cerca de zonas muy pobladas, ya que hay muchas más probabilidades de encontrar okupas, gente sin techo o, en el peor de los casos, delincuentes. Por eso no las tenía todas conmigo cuando dejé aparcado el coche junto a la piscina, y pasaron bastantes minutos hasta que pude estar seguro de que estaba completamente solo. Fue entonces cuando comencé a darme cuenta de dónde estaba, y empecé a disfrutarlo.

Vistas desde la terraza de la piscina de verano


Las vistas son impresionantes. Estamos a casi 760 metros de altitud, con una posición predominante sobre todo lo que nos rodea, ya que la casa principal está en la cima del cerro. Desde nuestra ubicación podemos apreciar la naturaleza en su máximo esplendor: monte bajo, pinares, el silencio del campo roto por la estridulación de las cigarras… y, a menos distancia de la que sería deseable, chalés y carretera. Esta zona se ha convertido, con el paso de los años, en un refugio de fin de semana para numerosos habitantes de Madrid, que vienen a reponer fuerzas y a disfrutar de unas horas de descanso.

Visitar una finca de recreo y comenzar por la piscina parece el mejor de los planes. Soy de imaginación rápida, y me veo tomando una copa en el agua, refrescándome mientras disfruto del paisaje. Por desgracia la realidad no es tan bucólica: lo que era una grande y elegante piscina se ha convertido en un vertedero en el que descansan los restos de un SEAT Panda. Me consta que el coche lleva ahí metido muchos años, aunque cada vez presenta peor aspecto. El motor yace en un rincón, en otro hay una puerta, por otro lado asoma parte del maletero…

"Mamá, en la piscina hay un panda... un SEAT Panda"

"y se ha quitado toda la ropa"

Cuarto de la depuradora

Vista de la casa principal desde la piscina


El ambiente de mi imaginación es mucho más agradable que ver tanto destrozo, de modo que vuelvo a mi mundo interior. Ya en él, decido salir de la piscina y subir por la escalinata hacia la casa principal. Desafortunadamente la dura realidad me saca de nuevo de mi feliz sueño. De la casa principal apenas quedan las paredes exteriores: la tabiquería interior está prácticamente desaparecida, lo mismo que el forjado, la planta superior y el tejado. Cuesta imaginarse cómo era esta casa en su momento de mayor esplendor. Dado que el interior está lleno de escombros y maleza, haciéndolo prácticamente inaccesible, opto por dar un rodeo y admirarla por fuera. La casa está construida en ladrillo y piedra, es muy grande, y todo apunta a que tuvo muy buena presencia.

Fachada de la casa principal. Donald se prepara para darse un baño

Puerta lateral de la casa, de acceso directo a la piscina



Detalle de una de las ventanas, con bombilla en la parte superior

Parte posterior de la casa, con la puerta de acceso a la cocina


Al final puedo entrar por la puerta trasera, a través de la cual se accede a la cocina. Es muy grande, y aún conserva la cocina económica y el enorme fregadero de aluminio. Las paredes estaban cubiertas de azulejo amarillo, y albergan varias estanterías de obra. Todo está destrozado: se aprecian con nitidez las canalizaciones de la luz, así como todo el entramado de tuberías para la calefacción. Sorprendentemente aun quedan varios radiadores de hierro fundido, de la marca Roca. Son de las primeras cosas que suelen desaparecer en los lugares abandonados. Junto a la cocina hay una escalera de acceso a la segunda planta.


Las ventanas primitivas tenían forma elíptica en su parte superior, condenada con la instalación de nuevas ventanas con persianas de accionamiento interior


Vista general de la cocina

Detalle del fregadero y la cocina de carbón o leña


Termo acumulador de agua caliente

Detalle de los remates de la pared con el techo, hechos de escayola

Que el último apague la luz

Ante la ausencia de forjado sobre el que apoyarse, los radiadores de dos dormitorios quedan sujetos por una de las vigas. 


Vistas de lo que queda de la segunda planta

Tras salir de la cocina, continué rodeando la casa hasta que llegué a la puerta principal, por la que me adentré. Pude acceder a una habitación y un cuarto de baño. Por el tipo de ornamentación de las paredes, yo diría que me hallaba en un salón o despacho.

Puerta principal de la casa



Detalles ornamentales en las paredes


Detalles de uno de los cuartos de baño


En un costado de la casa está la cochera, que es con diferencia el edificio mejor conservado del conjunto. Tiene holgada capacidad para cinco coches, y yo, que soy un gran aficionado a los coches antiguos, visualizo en mi mente los coches que podrían haber tenido guardados. Siendo una familia de tan alto nivel, quizá tuvieran un Mercedes o un Jaguar para realizar largos desplazamientos. A lo mejor tenían también un descapotable para pasear por la zona. Quizá incluso tuvieran un pequeño 600 para realizar los desplazamientos cotidianos al pueblo cercano… En este caso la realidad supera a la ficción, y el SEAT 600 de mi imaginación se ha convertido en un 600 de verdad, aunque este luce un aspecto mucho más lamentable del que yo pudiera esperar. El pobre ha sido expoliado, golpeado y calcinado, y no vale más que para ser admirado y fotografiado en este entorno.







Las dos casas anejas están en mejores condiciones que la casa principal, quizá porque no tuvieran tantos elementos expoliables, aunque han sido convenientemente destrozadas. Cuesta identificar sus estancias, con excepción del salón y el baño, que son fáciles de ubicar. Una de las casas tiene cochera, aunque ahora solo tiene restos de electrodomésticos de los años 70 y 80.

Fachada de una de las casas anejas






Otra de las casas anejas





Vista de las casas anejas desde la piscina de verano

A continuación encontramos las caballerizas, totalmente irreconocibles, y solapada a estas se encuentran el bañoñ turco, del que apenas quedan restos, y la piscina climatizada. Es grande, el fondo está escalonado y toda la superficie de la misma está lucida con azulejo gresite. La cubierta está formada por un armazón de aluminio que hace forma de tejado a dos aguas, con la parte inferior practicable para poder realizar la ventilación, y totalmente cerrado con cristal traslúcido reforzado con cable de acero. En la parte baja del armazón se aprecian restos de la instalación de calefacción, que caldeaba la piscina con convectores de agua sobre-calentada. Sin los conocimientos actuales de aislamiento térmico, da escalofríos pensar en la cantidad de energía que se debía necesitar para calentar todo el volumen de aire que cubica esta estancia. No hay que olvidar que estamos en plena sierra: aquí los inviernos son muy duros.


Acceso al baño turco y la piscina climatizada


Baldosa hidráulica cubierta de capa vinílica, comúnmente conocida como "Sintasol"

Baño turco



Cuando atravesemos este arco apuntado accederemos a la piscina


Convectores de agua sobre-calentada para la climatización de la piscina

Cubierta acristalada practicable

Fondo escalonado

Detalle del azulejo gresite


Vista de las caballerizas, el baño turco y la piscina desde la casa principal


Hay más estancias a las que no puedo acceder, porque la vegetación y el sentido común me lo impiden. Es una lástima, aunque me quedo con el buen sabor de boca de haber podido, aunque sea por unos instantes, vivir en una finca de lujo, rodeado de naturaleza y en un ambiente discreto y tranquilo.


---------  EPÍLOGO  ---------

Venir a esta finca no estaba contemplado en mis planes para ese día. Mi propósito era ir a un abandono cercano, y buscando la ruta de acceso al mismo descubrí los restos de esta finca. No podía dejar pasar la oportunidad, y desde luego no me arrepiento ni un ápice. Eso motivó que, a pesar de que suelo informarme previamente acerca del sitio que voy a visitar, en este caso fui a ciegas.

Cuando me dispuse a buscar su historia para elaborar el reportaje, me di de bruces con la escasa información disponible. Fueron días de búsqueda por las redes sin obtener resultados. Nada ni nadie podían decirme qué era esa finca, o a quién perteneció. Quiso la casualidad que encontrara la esquela de defunción de Dª Eulalia Sánchez de Molina del Río, y en ella se indicaba que había fallecido en esta finca. Al menos había encontrado un hilo del cual tirar. Después descubrí la historia de su marido Enrique, de su cuñado Vicente, de sus hijos…

Por otro lado me topé con el proyecto de declaración ambiental para la reconstrucción de las edificaciones existentes en la finca. Este comprende la rehabilitación de la casa principal y la de los guardas. Por fortuna, en la reconstrucción se respetarán tanto los materiales utilizados como las dimensiones de las viviendas, de modo que la casa recuperará todo su esplendor. Por desgracia, al estar ubicadas en un parque natural, deberán ser demolidas todas aquellas estructuras que no sean rehabilitadas, como son las casas anejas, la cochera y la piscina climatizada. El proyecto me ha proporcionado asimismo planos de como eran las construcciones y, en caso de la casa principal y la de los guardas, de cómo van a quedar tras su restauración. Sin embargo desconozco si la finca sigue perteneciendo a los descendientes de la familia Patuel Enrique.

La exploración de sitios abandonados invita a investigar acerca de los lugares que se han visitado. Una de las consecuencias más maravillosas que tiene este mundo es lo mucho que puedes aprender sobre cosas que ni te imaginas. Un motivo más para seguir explorando y seguir creciendo.



Referencias: