jueves, 30 de enero de 2020

Restaurante "La Perca" y la Caseta de los Pescadores


Los embalses tienen, en ocasiones, una relación muy directa con los lugares abandonados. Muchos de los que denominamos "pueblos abandonados” (adjetivo controvertido sobre el que algún día haré un artículo) lo están a consecuencia de la construcción de un embalse. Algunas veces quedan vacíos porque se prevé que las aguas embalsadas inunden las tierras de labor. En otras ocasiones son expropiados por las empresas hidroeléctricas para así poder reforestar toda el área que rodea al pantano y evitar de ese modo la colmatación por exceso de sedimentos. Más tristes son los casos motivados por la inundación: Baños de Tiermas y Mansilla de la Sierra son dos bonitos ejemplos que, una vez al año (dependiendo de la sequía), se dejan ver cuando el volumen de agua embalsada desciende lo suficiente. En los casos más recientes, como Las Ruedas de Enciso, se procede de una forma mucho más agresiva: derribando toda construcción existente. Impacta ver el antes y el después: donde ayer había un pueblo, ahora hay un solar.

Comparativa aérea de Las Ruedas de Enciso*


Comparativa entre visitas realizadas en mayo de 2017 y enero de 2018



Es obvio que la inundación artificial de un valle tiene un impacto muy directo sobre la naturaleza que lo compone, la gente que lo habita y las infraestructuras que en él hay construidas. No solo se inunda el pueblo o sus campos de cultivo: también sucumben al agua las carreteras, los edificios singulares como balnearios o castillos… algún pantano español esconde bajo sus aguas incluso alguna ciudad romana. El progreso tiene un precio, y el bienestar de la gente también. Todos queremos (necesitamos) agua y electricidad, y los embalses son una buena forma de obtener ambas cosas. Y no solo eso: un embalse puede revitalizar la vida de la zona, atrayendo negocios antes impensables como, por ejemplo, turismo “de playa” en medio de la meseta. Pesca, deportes acuáticos… el turismo es un gran invento.

Propaganda del Embalse de Alarcón



Aunque el Embalse de Alarcón fue proyectado en la II República, no se inició su construcción hasta 1947. Es, sin lugar a duda, un magnífico ejemplo que ilustrará todo lo mencionado en párrafos anteriores acerca de cómo un pantano puede inundar pueblos (Gascas), modificar sustancialmente el trazado de una carretera principal de un país (la N-III) y anegar numerosas hectáreas de siembra. No hay duda de que cumplió su principal objetivo: regular el caudal del río Júcar, generar electricidad y acumular agua. Además de eso proporcionó a la zona nuevas formas de turismo: se crearon playas artificiales (las olas de la playa de Valverde de Júcar alcanzan un metro los días de mucho viento**), proliferaron los chiringuitos e incluso se construyó algún hotel de grandes dimensiones. Por desgracia, la construcción de la autovía A-3 con su nuevo y alejado trazado desvió el tránsito de coches, acortó sustancialmente el trayecto entre Madrid y Valencia y, por ende, llevó a la ruina a muchos de estos negocios.


Embalse de Alarcón, verano de 2017

RESTAURANTE "LA PERCA"



Llevaba mucho tiempo con ganas de explorar la primitiva N-III. No hablo de la ruta que conocemos actualmente como N-III y que pasa por encima del Embalse de Alarcón, sino del trazado previo a la construcción del citado embalse, que quedó parcialmente inundado y queda retirado del trazado actual. Descubrí este trazado de casualidad, curioseando en mapas antiguos e investigando acerca de posibles lugares abandonados en la zona. Obviamente no cabía otra opción que visitarlo y fotografiarlo.

El día que realicé la excursión, uno de los tramos habitualmente inundados había emergido por la sequía, pero su mal estado de conservación desaconsejaba la circulación de vehículos, de modo que opté por dar un rodeo al pantano y continuar al otro lado del río. Mientras conducía, llamó mi atención un edificio abandonado situado junto a la carretera. Tuve el presentimiento de que podía tratarse de un lugar interesante, y decidí detenerme a investigar. Esta es una de las partes más bonitas de la exploración: imaginar cómo debía ser ese sitio e intentar adivinar para qué estaba destinado. En aquel momento solo pude suponer que estaba ante un restaurante, merendero o chiringuito: grandes salas antaño acristaladas, barra y cocina, un cenador en la parte posterior… dada la cercanía a las aguas del pantano supuse que podría tener un embarcadero, aunque eso no lo sé con certeza. Lo que sí puedo asegurar es que era un restaurante, La Perca, y que gozó de cierto éxito en la época de mayor apogeo del pantano.

Restaurante La Perca

La Perca propiamente dicha

Uno de las salas del local


Menú del día

Decoración con cantos rodados

La cocina



El cenador


Parte posterior del restorán


La CASETA de los PESCADORES



      Estaba ya en el coche, a punto de incorporarme a la carretera, cuando observé en la lejanía un edificio solitario, en medio del campo, también junto a las aguas del pantano. En los mapas no pude encontrar ninguna denominación, pero sí logré ver el camino de acceso, y decidí aventurarme. ¡Cuando se está lejos de casa no se debe desaprovechar ninguna oportunidad!

      Era un edificio muy extraño. No fui capaz de siquiera imaginar cual era su función. Tenía forma de media luna, y su vista frontal se podía dividir en dos partes. A la izquierda tenía un cuarto con chimenea y dos ventanas, desde el que se accedía a otra habitación. La fachada de este cuarto estaba forrada con troncos de madera. El resto del local, que ocupaba toda la parte central y derecha, era una terraza. Todo estaba sobre elevado aproximadamente un metro del suelo. La fachada era de ladrillo y piedra, y el suelo de cantos rodados.

      Se trataba de la "Caseta de Los Pescadores". Un local concebido como caseta de recreo y refugio para los pescadores del pantano (abundaba el Lucio, la Carpa y el Bass). No albergaba ningún negocio de restauración. Estaba diseñado para que los pescadores pudieran refugiarse en la terraza cubierta mientras esperaban a que algún pez picara el anzuelo. La habitación de la izquierda era el lugar del guarda forestal.

La caseta de Los Pescadores. En primer plano, la garita del guarda forestal

Detalle de los escalones de acceso y del suelo, ambos de piedra

 Interior de la garita, con la chimenea


Vista del pantano desde la garita

 En esta terraza se refugiaban los pescadores

La Caseta de Los Pescadores


EPÍLOGO

      Han pasado años sin que supiera realmente qué eran estos dos lugares. He reanudado la investigación con cierta frecuencia, deseando encontrar alguna pista. No aparece absolutamente nada de información sobre ellos en ninguna web ni foro, y quiso la suerte que encontrara un grupo de Facebook de vecinos de Villaverde y Pasaconsol, quienes respondieron rápidamente facilitándome los datos que hoy os proporciono. Esto ha sucedido hace escaso un mes, dos años y medio después de mi visita. 

*Cartoteca Digital del Instituto Geográfico Nacional
**"Hoy por hoy, Cuenca" - Cadena SER, 05/08/2019

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